miércoles, 4 de septiembre de 2013

La Niña perdida (3)

3.- Un pequeño secreto.


- ...Y entonces le pregunte a papá si podía usar un vestido y él me dijo que no porque yo  era un niño y los niños no usan vestidos. -Nicol estaba muy entusiasmada, su tía le había puesto una de sus faldas y una camiseta bastante coqueta, aquella ropa le quedaba algo grande pero eso no le quitaba ni un poco la alegría que sentía al usarlas-. Pero le insistí porque yo vi que otros niños se iban a poner vestidos.
- ¿Y por qué los otros niños usaban ropa de mujer? -Cecilia había hecho que Nicol se sentara en el filo de su cama y colocó una silla para quedar frente a su sobrina y así poder peinarla.
- Iban a actuar en una obra.
- Ah, ¿y tú también ibas a actuar? -El comportamiento de Nicol era tan natural que a Cecilia se le olvidaba por momentos que estaba frente a un niño.
- No, pero yo también quería usar vestido, cuando le volví a insistir a papá me jalo la oreja bien fuerte y me dijo que si me volvía a oírme decir que quería usar vestido se iba a enojar muchísimo y me castigaría bien fuerte.
Cecilia ya sabía que Hernán era bastante machista pero se negaba a creer que pudiera llegar a repudiar a su propio hijo tan solo por ser diferente.
- ¿Hace cuánto paso eso que me cuentas?
- Fue cuando estaba en primer año.
- Primer año. -Repitió Cecilia mientras hacia un cálculo mental, sacó la conclusión de que en ese entonces Nicolás debía tener seis años y se sorprendió que ya desde entonces tuviera esas inclinaciones-. ¿Y por qué te gusta vestirte de niña? -Tan solo un segundo después se arrepintió de haber preguntado al observar que el rostro de Nicol se oscureció.
- Creo, -Nicol comenzó a hablar tímidamente-. Creo que soy una niña sólo que nací con cuerpo de niño. -En el fondo esto lo había sabido desde siempre pero era la primera vez que lo pronunciaba en voz alta-. No se lo quiero decir a papá porque sé que se enojará conmigo y entonces...
Calló y bajo la cabeza, recordó que esa no era su ropa y que pronto tendría que usar los pantalones de siempre, la tristeza que le provocó aquel pensamiento hizo que las lágrimas brotaran de sus ojos. Como le hubiera encantado poder seguir siendo Nicol por siempre.
- Tranquila. -Cecilia habló en un tono muy dulce para tratar de consolar a su sobrina-. Si no quieres decírselo a tu papá entonces no se lo diremos, ni tampoco a nadie más, siempre que él te vea seguirás siendo Nicolás, pero cuando tú y yo estemos a solas serás Nicol, esto será nuestro secreto -observo como el rostro de Nicol volvía a sonreír.
- Gracias tía. -Nicol se levantó de la silla y fue a abrazar a su tía tan fuerte como pudo.
- Creo que oí que llegaba el carro de tus papás. - Cecilia pudo ver como Nicol se sobresaltaba y se le palidecía la cara-. Tranquila, quítate mi ropa y  ve al baño y dúchate yo ya te llevo tu pijama.
Nicol obedeció y corrió a la ducha, mientras tanto Cecilia empezó a recoger las ropas y a ordenar su habitación, fingió sorpresa cuando Hilda, su hermana mayor entró.
- Hola, -dijo Hilda, al tiempo que le daba un beso en la mejilla-. ¿Y Nico?
- Hola, Nico está en la ducha, se ensucio un poco mientras jugamos y le mande a que se bañe.
- Te noto medio nerviosa, ¿qué hiciste?
- No hice nada, estas imaginando cosas. -Cecilia sintió la mirada inquisidora de su hermana, era la misma que tenía su mamá, odiaba esa mirada-. Podrías dejar de estar viéndome así.
- Es que sé que algo hiciste, bueno ya de averiguar, ¿tomaste tus pastillas?
- No, es que no tenía agua.
Antes de que Hilda dijera algo más, Cecilia había tomado el frasco de medicamentos y salió a paso rápido rumbo a la cocina, en el pasillo se encontró a Hernán lo saludo sin detenerse.
- Tu hermana luce nerviosa, -dijo Hernán a Hilda-. ¿Qué hizo?

- Aún no sé, pero ya me he de enterar. 

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