jueves, 29 de agosto de 2013

La niña perdida (2)

2.- La tía de Nicol.

- Nicolás. -La señora Hilda llamo a su hijo, comenzó a revisar su cartera para asegurarse de que no le faltara nada-. Nico -volvió a insistir.
- Ya voy mami. -Eran más de las tres de la tarde pero Nico aun llevaba puesta el pijama-. ¿Ya te vas?
- Si mijito. -Terminaba de revisar la cartera y ahora centraba toda su atención en Nico-. Ahora te vas a quedar con tu tía, veras que ella sigue durmiendo, si te da hambre en la refri queda tu plato de comida solo tienes que calentarlo en el micro ondas, si es que pasa algo le haces despertar a tu tía sino le dejas seguir durmiendo, ¿te acuerdas de mi número del celu? -vio que Nico movía afirmativamente la cabeza-. Tu papá y yo vamos al aeropuerto a despedirnos del primo José y de su esposa y enseguida regresamos.
- ¿Puedo prender la compu?
- Bueno, pero solo dos horas. -beso cariñosamente a su hijo y se dirigió a la salida, camino rumbo al auto donde le esperaba su esposo Hernán, y antes de subir giró para despedirse de Nico-. Chao amor.

Al cabo de una hora de jugar con la computadora, Nico se aburrió y decidió ir en busca de algo más interesante que hacer. Fue a su habitación y abrió la caja que contenía sus juguetes, entre estos se hallaban soldados y coches de plástico, pero ni los soldados y los coches le llamaban la atención, tomo un avión que estaba casi en el fondo de la caja y lo hizo planear con sus manos, pronto el avión dejo de ser avión y se convirtió en una nave espacial, la cual estaba pilotada por el capitán Nico, surcaba el universo en busca de nuevos planeta que explorar, en algunos de esos planetas los hombres eran como insectos, en otros como los dinosaurios y en otro cambiaban de forma a cada momento, hasta que llego a uno en que sus habitantes eran todas mujeres y el capitán al bajar de la nave se transformó en una niña y decidió quedarse a vivir ahí. Nicolás no pudo entender porque su juego terminaba de ese modo, se sintió un poco incómodo, dejo el avión en la caja y fue a ver si su tía ya estaba despierta.
Se acercó a su cama y la llamó pero su tía no respondió, estaba profundamente dormida. Nico se quedó viendo una foto de su mamá y su tía que estaba sobre la mesita de noche, en ella las hermanas lucían mucho más jóvenes, ambas eran muy bonitas, su mamá con el cabello corto pero que no dejaba de ser un corte muy femenino, y su tía con una larga cabellera recogida en una cola de caballo, recordó que su mamá le conto que esa foto era de la época en que ellas estudiaban en el colegio. Miró fijamente la imagen de su mamá y la idea de que se parecía mucho a ella cruzo por su cabeza, comparó a su joven mama con su propia imagen en el espejo y lo comprobó. Sacudió su cabeza tratando de librarse de esa idea.
Estaba por ir a la cocina para calentar la comida pero le detuvo aquel vestido celeste, el mismo que luciera tan bien en su tía la noche anterior, estaba en el piso al pie de la cama, un tanto arrugado, pero no dejaba de ser lindo, no pudo contenerse pues querría probárselo aunque fuera un instante, lo tomó y lo escondió bajo el brazo, volteó a ver si su tía seguía dormida, lo estaba, salió de la habitación y fue al baño.

El molesto zumbido de la alarma del reloj le recordaba que era hora de tomar sus medicamentos, ella trato de ignorarle pero el reloj intensifico los zumbidos hasta que estuvo lo suficientemente consiente para desactivarlo, agarró un par de pastillas del frasco y se las puso en la boca, el vaso que estaba detrás del portarretratos de su mesita de noche estaba vacío, necesitaba agua urgentemente, tomó el vaso y fue al grifo del baño que era el más cercano, al llegar ahí escupió las pastillas por la pura impresión que se llevó, Nicolás llevaba puesto su vestido y peinaba su cabello con un cepillo. Nicolás entro en pánico al ver a su tía, corrió y logro cerrar la puerta y poner el seguro antes de que ella pudiera entrar. Oyó como su tía golpeaba la puerta.
- Nico, ¿qué haces con mi vestido? -dijo ella, se le oía bastante consternada.
Nicolás se encogió junto a la puerta, tuvo miedo de lo que pudiera pasar, en especial de lo que su papa pudiera hacer. Volvieron a oírse varios golpes más.
- Nico -trato de normalizar la voz, de calmarse, respiro hondo y continuó-. No estoy enojada contigo, ¿estabas jugando verdad?
Quería explicarle que no era un juego, que era algo más, pero él mismo no comprendía que era, empezó a sollozar.
- ¿Estás llorando? -Ella comenzó a desear no haber despertado, se preguntaba si debía llamar a su hermana-. Nico, ábreme, en serio no voy a hacerte nada.
Pero él no abrió y ella se sentó en el piso junto a la puerta, los minutos pasaron, solo se oía el llanto de Nicolás cualquier otro sonido parecía haber desaparecido.
- ¡Nicol! -exclamó finalmente-. Nicol. -volvió a repetir ella, en voz alta pero no tan fuerte como la primera vez, comprobó que los sollozos disminuyeron y hablo de nuevo-. ¿Te gusta? Es un bonito nombre de niña. -Aquellas palabras parecían surtir efecto, espero otros pocos segundos más- ¿Quieres abrirme la puerta por favor Nicol?
La puerta se entreabrió un poco y la figura de Nicol apareció tímidamente.
- Tía Ceci... -Tenía los ojos rojos de tanto llorar- ¿Se lo vas a contar a mis papás?
- No, si tu no quieres no le diré nada a ninguno de los dos.

Cecilia extendió sus brazos y espero a que su sobrina fuera hacia ella, Nicol corrió a abrazar a su tía, lloró de nuevo pero esta vez no fue por que tuviera miedo, no comprendía bien lo que estaba pasándole pero estaba feliz de que su tía le llamara Nicol. Cecilia comprendió que tenía un enorme problema entre manos. 

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