martes, 13 de agosto de 2013

Alex y Saúl (Epílogo)

- Es rosado -se quejó Alex al ver su imagen en el espejo.
- Tiene que ser rosado. -Mamá subía la cremallera ubicada en la parte de atrás del vestido-. Es tu fiesta de quince.
- Ya, pero recuerdo que el vestido de Verónica era más... moderno y más oscuro, este es pastelazo, parece el que le ponen a esas muñecas.
- Es que tú eres una muñeca -dijo Verónica mientras le colocaba en el cabello una peineta que tenía como adorno una gran flor rodeada de otras flores más pequeñas, todas igual de rosa que el vestido-. Es tu estilo.

Aquella fiesta era la última ocurrencia conjunta de mamá y Verónica, se la habían ocultado a Alex hasta el último minuto para que no pudiera sabotearla. Alex no supo nada hasta que en la mañana regresara de hacer unas compras que le pidiera mamá y se encontró con que en la puerta de entrada había un gran listón color rosa y adentro estaban Andrés, Verónica y Jairo colocando varios adornos para una fiesta.
- ¡Viva la quinceañera! -grito Andrés tan pronto vio que Alex entraba a la casa.
- ¡Que viva! -gritó el pequeño Jairo.
La idea de "quinceañera" no le agrado para nada así que soltó las bolsas de las compras y dio media vuelta para huir por donde había entrado pero Verónica ya había cerrado la puerta.
- ¿A dónde ñañita? -interrogo Verónica.
- Ni loco me pienso poner un vestido de quince años -dijo Alex torciendo la boca, ya había soportado muchas cosas provenientes de su mama y su hermana, cosas como que casi tiraran a la basura su ropa de chico o que todas las noches le obligaran a vestirse de chica para la merienda, y, el peor de todos que fueran al colegio a solicitar que le permitieran ir con el uniforme de las mujeres, petición que, afortunadamente para él, había sido rechazada, pero esto de la fiesta no pensaba aguantarlo-. Me voy de aquí.
- No seas así -intervino Andrés-. Mamá se ha esforzado mucho organizando esto, ya más de dos semanas que anda en esto.
- Yo no quiero una fiesta de quince, además cumplí el miércoles...
- Eso no importa -le interrumpió Verónica-. Los quince años siempre se celebran unos días antes o después, lo importante es celebrarlos, es algo que todas las chicas esperan con ansias.
Alex pensaba en la mejor forma de decir que agradecía mucho el esfuerzo de su mamá pero que no había forma de que le convencieran de usar un vestido rosa y bailar frente a un montón de gente.
- Saúl será tu "chambelán" -agrego Verónica-. Ya vi la ropa que usara, estará guapísimo.
Que Saúl supiera de la fiesta y que no le dijera nada le enojaba un poco, pero le gustaba la idea de verlo vestido con frac y se quedó pensando en alguna escusa que le permitiera zafarse de la fiesta y al mismo tiempo le dejara ver a Saúl usando el frac, no encontraba ninguna.
Al silencio de Alex, Verónica, lo tomo como una señal de que estaba de acuerdo con todo, lo tomó de la mano y lo llevo a su habitación donde estaba esperando mamá con el ajuar que tendría que usar listo.
Entre el peinado, el maquillaje y vestirse transcurrieron algo más de dos horas, tiempo en el cual, Alex, ocasionalmente se asomaba a la ventana y observaba que llegaban diferentes personas, le pareció que unos hombres con pintas de meseros traían bandejas de comida, poco después llegaron otros trayendo parlantes de más de metro y medio de alto, más recientemente vio a algunos familiares que no veía desde hace mucho. Ya se oía una gran actividad en la parte de abajo, se le hizo un nudo en el estómago.
- Mira la hora que es -exclamó mamá al ver su reloj pulsera-. Ya nos tenemos que alistar nosotras también mija -. Le dijo a Verónica.
- Sí, no queda mucho tiempo -respondió ella-. Ñañita te dejamos sola, quedaste bellísima, no te desarreglaras.
Eso le había sonado como una amenaza, no habiendo otra cosa que hacer mientras esperaba, Alex encendió su computadora y jugó un juego de peleas, estaba tan nervioso que no podía concentrarse y perdía humillantemente a cada rato, se cansó de aquello y decidió sentarse en la cama a esperar. Casi una hora después se oyó que llamaban a la puerta.
- Alex estás lista. -Era la voz de papá.
- Ya voy. -Respiro profundamente y exhalo, volvió a repetir aquello en busca del valor necesario para salir a enfrentar a los invitados, se colocó las sandalias y se dirigió a abrir la puerta.
- Tu cabello luce más largo -dijo papá- ¿Es peluca?
- No, son extensiones -respondió Alex.
- Te queda bien - extendió su brazo para que Alex lo tomara y así lo hizo-. Oye, se supone que tenemos que bailar el vals junto, bueno...
- No te preocupes papá, yo tampoco quiero hacerlo.
- Menos mal -papá sonrió de alivio.
Estaban ya bajando las escaleras, se oyó en los parlantes una voz que primero pedía atención a los invitados y luego anuncio con gran alegría.-Ahora hace su aparición la señorita Alexandra-. A Alex no le hizo mucha gracia ser presentado de esa manera, los setenta invitados aplaudieron efusivamente.
Ya casi terminaban de bajar las escaleras y Alex pudo ver que Saúl estaba junto a mamá, el frac que llevaba era negro, dejaba ver el chaleco color gris, camisa blanca y corbata igual blanca pero con unas finas líneas plateadas, era más guapo de lo que había esperado.
Se detuvieron en el último escalón, ahí cumplieron el rito de cambiar las sencillas sandalias de tela por los zapatos de tacón, rito que simbolizaba su paso de niña a señorita. Papá le calzo el zapato derecho y mamá el izquierdo, ella no pudo contener una lagrimilla, los invitados volvían a aplaudir.
El dj anunció el inicio del tradicional vals, iniciarían el baile primero el papá y la festejada juntos, casi no lo hicieron pero una mirada desaprobatoria de mamá les hizo cambiar de opinión. Dos minutos después se anunció el baile por parte de la quinceañera con su chambelán, y Alex y Saúl quedaron en medio del círculo que habían hecho los invitados.
- Estas guapísimo -dijo Saúl.
- Gracias. -Alex trataba de seguir el ritmo pero a ratos lo perdía, casi tropezaba- ¿Sabías esto verdad?
- Desde hace rato.
- ¿Por qué no me lo dijiste?
- Porque creí que si lo sabias te ibas a fugar. -Saúl ahogo un quejido cuando Alex le piso un pie, no supo si fue intencional o por su falta de ritmo-. Y a mí me gustaba la idea de verte como una quinceañera -sintió otro pisotón solo que este si parecía intencional.
- Sabes que lo de los vestidos solo los aguanto cuando salimos juntos, esto es muy diferente.
- Tú siempre luces lindo con ropa de mujer.
- A veces creo que tú también quieres que deje de usar ropa de hombre. -Alex torció los labios en una mueca de enojo, mueca que de algún modo parecía aumentar la feminidad en su rostro.
- Mentira, no importa lo que te pongas tú siempre serás mi novio. -A Saúl le encantaba aquella mueca.
- Entonces, tan pronto como se descuiden mis papas, me voy a cambiar de ropa y me iré a algún otro lado -dijo Alex que aun tenia torcidos los labios-. Y si me quieres te vas a ir conmigo.
- Claro que me voy contigo -dijo Saúl-. Pero tienes que dejarme ver cuando te quites el vestido.
- Bobo. -Alex bajo la mirada para que Saúl no viera que su comentario hizo que sus mejillas se sonrojaran-. Sabes, este vestido tiene el cierre en la parte de atrás y no lo alcanzo, necesitare que me ayudes a quitármelo.
Saúl movió afirmativamente la cabeza y ambos sonrieron.
De entre la multitud una voz femenina comenzó a gritar "beso" una y otra vez, a Alex le pareció que se trataba de la voz de Verónica, pronto todos los invitados estaban pidiendo ese beso a coro.
- Sé que no te gusta que nos besemos en público -le susurro Saúl en el oído a Alex-. Me das solo un besito en la mejilla y creo que con eso se calman.
- Te amo. -Sin decir nada más, Alex, rodeo con sus brazos el cuello de Saúl, se paró de puntitas y le dio un largo beso-. Ya no me importa quién nos mire.
Saúl devolvió el beso mientras la gente al rededor aplaudía y vitoreaba.

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