miércoles, 24 de julio de 2013

Alex y Saúl (25)

Alex había estado tantas veces en la casa de Saúl que ya conocía la mayor parte de esta, sabía que la mama de Saúl guardaba todas las bolsas plásticas en las que traía las compras del supermercado en la última gaveta del mueble de la cocina, tomo una pequeña transparente la lleno de cubos de hielo que tomo del congelador y se la llevo a su novio que estaba sentado en medio del sofá de la sala.

-Un día de estos te voy a enseñar a pelear -dijo mientras le colocaba la bolsa con hielo en la parte de la cabeza donde recibió el golpe.

-Auch -Saúl se quejó al sentir el frio contacto de la bolsa- me hubiera gustado poder defenderte.

-Está bien, lo tuyo nunca ha sido pelear -Alex se sentó en el sofá y apoyo su cabeza en el hombro de Saúl, termino pareciéndole una posición no muy cómoda así que se recostó y ahora su cabeza descansaba sobre una de las piernas de Saúl- Si te hace sentir mejor cuando apareciste de repente los dos se desconcentraron y yo pude terminar la pelea.

-No, yo quería...

-Shhh -Alex voltio su rostro para que Saúl viera que tenía un dedo índice en los labios como señal de que se callara- En serio está bien.

Pasaron unos minutos y el silencio entre los dos era tal que el tic-tac del reloj de la pared empezó a retumbar en toda la sala.

Saúl acariciaba el cabello de Alex con la mano que no estaba sosteniendo la bolsa con hielo, buscaba mentalmente una manera de ayudar a su pequeño tigre a encarar la situación que le esperaba en casa, tal vez si le acompañaba y explicaba a sus suegros que lo suyo era un amor sincero ellos le aceptarían tal como es, pronto abandono esa idea porque era seguro que Alex no lo dejaría ir con él y mucho menos hablar con sus padres, luego volvió a retomarla porque no iba a dejar solo a su amado, iría aunque él se opusiera.

Por su parte Alex imaginaba que le esperaba una enorme reprimenda sobre la decepción que era tener un hijo como el, en el mejor de los casos su papa cumpliría aquella amenaza del colegio militar y en el peor... no quiso pensar en aquello, a pesar de no ser muy religioso rezo para que aquella foto no fuera vista por ningún familiar suyo.

-Oye, mmm -Se notaba que en la voz de Alex había preocupación- ¿Crees que si me echaran de la casa tus papas me dejarían vivir aquí por un tiempo?

-No digas eso -A Saúl le pareció que el dolor de su cabeza se había adormecido lo suficiente como para dejar a un lado la bolsa con hielo, que en ese momento ya era más agua que hielo, ahora con sus dos manos libres hizo que Alex se incorporara hasta dejarlo de rodillas sobre el sofá y él se acomodó de tal modo que quedaron frente a frente- Estoy seguro te querrán igual que siempre.

La expresión en el rostro de Saúl era una mezcla de esperanza infinita de que todo estaría bien y al mismo tiempo de temor de que todo saldría mal, lucia tan indefenso, como un pajarito herido, Alex siempre sentía la necesidad de protegerlo, era cierto que él era más alto y más varonil pero su carácter era más gentil, si tenía que pelear con alguien parecía no querer lanzar el golpe por temor a dañar a su oponente, por eso era Alex quien terminaba peleando en su lugar, comprendió entonces que si él se desmoronaba Saúl también lo haría, así que enjugo sus lágrimas y saco una sonrisa de donde no tenía.

-Voy a hablar con mis papas y todo estará bien -Alex lo dijo como si estuviera convencido de eso aunque no fuera así.

Alex era siempre tan valiente, era una de las cosas que Saúl amaba de él, siempre dispuesto a enfrentarse a quien sea para defender a sus amigos a pesar de que su oponente le doblara la estatura, pero había algo del que solo Saúl parecía percatarse, una dulzura que se escondía tras ese fuerte carácter que Alex tenia, sabía que aquellas palabras las dijo para tranquilizarlo pero se encargaría de que se hicieran verdad.

-Fue un día pésimo -Después de decir esto Ale soltó un amargo suspiro.

-Sí, pero a ratos la pasamos bien ¿verdad?

-Sí, supongo.

-Mira, yo tengo algo para ti -Comenzó a buscar algo en los bolsillos de su pantalón, parecía haber olvidado donde guardó ese algo, al fin saco un pequeño sobre de papel y se lo ofreció a Alex – fue idea de mi mamá, dijo que para que lo nuestro sea un noviazgo formal tenías que llevarlo puesto.

Alex sacó del sobre un anillo que en su mayor parte plateado y los filos eran dorados, tenía una pequeña rosa que en su centro tenía incrustado una piedrecilla roja, la hizo girar y miro con sorpresa que sus nombres, Alex y Saúl, estaban grabados y en medio de ellos dos corazones entrelazados, le pareció tan cursi y al mismo tiempo le encantaba tanto.

-Ella lo mandó a hacer, dijo que el primer noviazgo es algo importante y que teníamos que recordarlo con cariño, te lo iba a entregar cuando acabara la cita y, bueno supongo que ya terminó.

Se lo probó en el dedo anular, le quedaba grande, trató en el dedo medio y tampoco.

-No me queda.

-Oh, supongo que mamá podrá mandarlo a arreglar.

-No –Saúl extendió la mano para que le entregara el anillo pero Alex cerró la mano y la atrajo hacia si- es perfecto, lo voy a poner en una cadenita y llevaré conmigo siempre.

-¿O sea que te gustó?

-Mucho –Le dio un beso rápido y luego volvió su atención nuevamente al anillo que estaba en su palma y pensó que el día no había sido tan malo- Sabes –lo puso nuevamente en el sobre y lo dejó sobre la mesita de centro- La cita aún no acaba.

-¿Ah?

-Pensé que terminaría de un modo más romántico –Se acercó a Saúl y poniendo una mano en su rostro le dio un largo e intenso beso- creo que aún podemos acabarlo así.

Saúl se sorprendió por el beso y porque la otra mano de Alex estaba recorriendo su abdomen, no supo cómo reaccionar.

-¿No quieres?


Alex dio otro beso más intenso que el primero y luego se separó esperando a Saúl, este por fin atinó a mover afirmativamente la cabeza, Alex volvió a besarlo y con sus manos acariciaba el cuerpo de su novio, mientras una de las manos de Saúl comenzaba a explorar debajo de la maltratada falda de Alex.

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