martes, 8 de octubre de 2013

Luisa

- Disculpe señorita.
Luisa se paralizó cuando oyó la voz de aquel hombre, su traje negro parecía costoso y de diseñador, camisa blanca, corbata azul, y un pañuelo con borde dorado aparecía en el bolsillo de la chaqueta.
- Disculpe señorita, -repitió el hombre, parecía como de treinta y tantos, corpulento, al menos de un metro noventa de alto-. Creo que esto le pertenece. -Extendió la mano mostrando un monedero.
Luisa al verlo reviso de inmediato su bolso y confirmó que sí era el suyo. Observó el monedero un momento y luego dirigió la mirada expectante al hombre que seguía esperando que la chica tomara el monedero, al ver que ella no hacía nada lo puso directamente en su mano.
- Lo dejó sobre el mostrador cuando compro su bebida.- Continuó hablando él-. Debe tener más cuidado.
Luisa guardo el monedero en el bolso, comprendió que debía dar las gracias al comedido caballero, pero le preocupo de que su voz no sonara convincente, era la primera vez que salía como chica y no tenía la suficiente práctica. Se las había arreglado para casi no emitir palabras ese día, había comprado su jugo señalando el dibujo en el menú de la pared. Le dio un sorbo a su jugo de coco y vio que en la pajilla quedo un poco de su pintalabios <<Ahora soy una mujer>> pensó <<puedo hacerlo>>.
- Gracias, -dijo nerviosamente y tan suave que era casi imperceptible.
- Perdón, ¿cómo dijo?
- Gracias, -volvió a decir ella, pero esta vez un poco ms alto pero igual de nerviosa.
- Bonita voz. -Él esbozó una sonrisa que ella regreso.
- Gracias. -Esta vez tenía menos nervios y su voz sonó más natural, todo era por causa de esa sonrisa.
- Me llamo Manuel, ¿Y tú?
- Luisa.- Extendió la mano en espera de que Manuel la estrechara, en vez de eso, el tomó delicadamente la mano y la besó, gesto que provocó en ella una risita.
- ¿Me permite que la acompañe?
Luisa accedió, Manuel le pareció un hombre guapo. Sintió que tenía suerte era la primera vez que se atrevía a salir en público como una chica y ya estaban tratando de ligar con ella.
- ¿En qué universidad estudias?
- No estoy en la U. -Le sorprendió que le hiciera esa pregunta, seguramente el maquillaje le aumentaba unos años. Se preguntó que pensaría si se enteraba que tenía diecisiete.
- Ah, entonces trabajas.
- No, no, estoy acabando el colegio.
- ¿El colegio? ¿Qué edad tienes?
- Dieciocho. -Respondió Luisa después de pensarlo unos segundos-. Es que tuve que repetir un año.
- ¿Dieciocho? ¿En serio? -Manuel no pudo contener la risa-. Hubiera jurado que tenías veinte y cuatro, ahora me siento un "roba cunas" -Siguió riendo un poco más.
- ¿Te vas a ir porque soy muy joven? -A Luisa de verdad le estaba gustando Manuel, así que pensar que él se iría le irritaba.
- No, no. -Respondió Manuel al ver los ojos brillosos en el rostro de ella-. Si quieres te seguiré acompañando. -Luisa asintió con la cabeza.
Caminaron juntos por el centro comercial sin rumbo, charlando mayormente sobre cosas sin importancia. Luisa se enteró que Manuel estaba divorciado, era papá de mellizos a los que casi no veía y que andaba en busca de un nuevo amor. Por su parte Manuel no pudo sacarle mucha información a Luisa, salvo que quería estudiar diseño gráfico y que su color favorito era el negro, no le importo mucho, el que fuera tan inaccesible era parte del encanto de ella.
- Me gusta tu cabello. -Le alagó Manuel.
- Gracias, me lo cuido mucho. -Eso era cierto, su cabello negro largo hasta la cintura era el resultado de varios años de cuidado. Su mamá no aprobaba el cabello largo en los hombres, pero lo toleraba pues daba como pretexto que quería parecerse a sus ídolos del rock, por lo mismo también se había agujereado las orejas en tres lugares distintos.
- Me gusta cómo te viste. -Un nuevo alago por parte de Manuel que hizo que Luisa se ruborizara.
- Ay, gracias. -Luisa sonreía complacida, había escogido bien de los armarios de su mamá y su hermana, de su mamá eran la blusa blanca y la faja tipo corset que llevaba bajo esta que hacía que se le formara una estilizada cintura, de su hermana eran las pantimedias negras, la minifalda plisada roja a cuadros y la boina igualmente roja. Lo único que era suyo eran los botines de tacón que aumentaban quince centímetros a su estatura, sus pies eran más grandes que los de cualquier mujer de la casa, por lo que tuvo que ahorrar su mesada durante casi tres meses para comprar unos zapatos a su medida.
- Pero hay un problema. -Esta afirmación de Manuel causo que Luisa dejara de sonreír-. Veras, es que... -Se acercó a Luisa para hablarle al oído-. Se te movió una teta de su sitio.
Luisa miro hacia abajo y comprobó que el relleno de su sostén se había movido de tal modo que en vez del pecho izquierdo tenía tres extrañas protuberancias, se tapó con los brazos y salió corriendo llena de rabia hacia sí misma por tal descuido, sentía que Manuel debía estar odiándola porque no le había dicho la verdad.
Entró en un pasillo más pequeño que llevaba a los baños, en ese momento sintió una mano posarse en su hombro que la obligo a girar para quedar frente a Manuel, trató de zafarse pero él la abrazo para evitar que volviera a huir, ella dejó finalmente de luchar y apoyando su rostro en el pecho de Manuel lloró.
- Está bien, -dijo Manuel tratando de tranquilizarla-. Me gustas.
- Pero, pero, yo te engañe.
- No precisamente. -Luisa quedó en silencio, Manuel siguió hablando-. Cuando te vi la primera vez te creí una chica, pero en el momento en que te oí hablar te delataste, y eso en vez de desagradarme me llamo más la atención, jamás pensé que un hombre pudiera lucir tan sexy como una modelo. -Luisa seguía bastante sorprendida como para hablar-. Mira, anda a arreglarte un poco y luego hablamos.
Luisa ingreso en el baño de las mujeres, se aseguró de que no hubiera nadie y comenzó los arreglos, primero la teta que se había salido del sitio y luego el maquillaje que se corriera por las lágrimas. Se tardó más de media hora intencionalmente con la esperanza de que Manuel se cansara de esperar y se fuera, pero él seguía ahí. Ella sacó su celular del bolso y comprobó que se estaba poniendo tarde y tenía que regresar a su casa antes que su familia, se armó de valor y salió.
- Tengo que irme ya -Dijo Luisa sin detenerse, pero Manuel ya le había puesto de nuevo la ruda mano en el hombro-. Déjame ir.
- No hasta que hablemos. -La voz grave de Manuel, que casi sonó a que daba una orden, hizo que Luisa se detuviera-. Vamos a sentarnos-. Luisa le siguió hasta un banco cercano.
- Cuando te vi, -comenzó Manuel-. Sentí un flechazo y cada momento que pasé contigo esa flecha se enterró aún más hondo. -La mirada de Luisa denotaba sorpresa-. No te estoy pidiendo que seamos novios, solo te pido que me des una oportunidad y veamos qué pasa.
- Tú también me gustaste desde que te vi. -Luisa ya no trataba de afinar la voz pero su tono era más dulce de lo que había sido hasta ese momento-. Pero nos acabamos de conocer y no sé si solo te encaprichaste conmigo o sí de verdad... -Antes de que pudiera seguir hablando, Manuel apegó sus labios a los de ella en un beso que duró unos cuantos segundos.
- ¿Realmente no tengo ni una oportunidad? –Manuel esperó que Luisa le diera una respuesta, pero de ella no salió palabra alguna, en vez de eso cerró los ojos, puso su rostro hacia el de él y espero con los labios entreabiertos. El segundo beso fue más largo, sus lenguas se encontraron en varias ocasiones y sus manos se entrelazaron-. ¿Te parece bien que tengamos una cita el próximo viernes? –Luisa asintió efusivamente con la cabeza para luego envolver con sus brazos el cuello de Manuel y plantarle un tercer beso.

Había logrado llegar antes que su familia, colándose por el patio de atrás y entrando por la puerta de la cocina que daba a ese patio. Apenas y pudo devolver las ropas prestadas a su sitio, cuando oyó que la puerta de la entrada principal se abría, aún tenía mucho maquillaje en la cara por lo que decidió meterse en la ducha con la esperanza de que el agua caliente le ayudara a librarse de él.
Estaba ya en su habitación dedicándose al secado de su cabello cuando entró su mamá sin anunciarse.
- Hola mijo. –Dijo al entrar-. Era que vengas con nosotros, la pasamos muy bien.
- La bendición mamá. -Respondió Luis-. Yo también la pasé muy bien.
- No entiendo porque nunca quieres con nosotros, te estas volviendo antisocial…
El regaño que estaba recibiendo por parte de su madre era el habitual por lo que no le ponía mucha atención, en vez de eso trataba que la toalla y su cabello ocultaran el hecho de que sonreía, empezó a hacer una lista mental de la ropa de los armarios de su mamá y su hermana, decidiendo con cual luciría mejor para su cita del próximo viernes.

Fin.

domingo, 6 de octubre de 2013

La niña perdida (4)

Habían pasado ya casi dos semanas desde que Cecilia prometiera guardar el secreto de su sobrina Nicol, en todo ese tiempo no se presentó la oportunidad para que ellas convivieran como tía y sobrina de nuevo, eso hacía que Cecilia se sintiera aliviada de cierta forma al no tener que lidiar con ese asunto, pero para Nicol cada día que pasaba sin poder disfrutar siendo ella misma aunque fuese unos momentos la entristecía y se le comenzaba a notar la frustración.
Era la mañana del viernes y como todas las mañanas Hilda se aseguraba que Hernán y Nico estuvieran listos para salir. Ella estaba un tanto preocupada porque parecía que algo molestaba a su hijo, ya había llamado a la escuela para preguntar si ocurría algo inusual o si había algún abusivo que estuviese al asecho, la respuesta a ambas preguntas era negativa, la directora de la escuela sugirió entonces que buscara las causas del comportamiento de Nico en su propia casa, lo que molestó mucho a Hilda y la molesto aún más que también sugiriera que buscara asesoría psicológica, eso no iba a pasar de ninguna manera porque su hijo no estaba loco.
Cecilia dormía aun, los medicamentos de la noche eran un tanto fuertes por lo que lograr que despertase en las mañanas era todo un reto, hoy Nico se proponía lograrlo antes de que llegara el autobús de la escuela, entre sueños ella oía una insistente voz que la llamaba y que unas pequeñas manitas empujaba y tiraba de su hombro, entreabrió sus ojos y la borrosa imagen de Nico fue lo primero que vio.
- ¿Qué pasa? -Dijo Cecilia mientras se sentaba para después abrir la boca en un gran bostezo.
- Tía Ceci. -Nico esperaba que ella no se molestara por hacerla despertar pero necesitaba oír que la llamaran por su nombre real, necesitaba estar segura que lo que paso aquel día fue real-. ¿Podrías llamarme Nicol por favor?
Toda la somnolencia que Cecilia sentía desapareció al instante, vio el rostro expectante de Nico, no, no era Nico, era Nicol, era una niña, ella misma se lo había dicho.
- Claro que si preciosa. -Tan solo pronunciar estas palabras provocó que apareciera una amplia sonrisa en la cara de Nicol, Cecilia la abrazó y beso en la mejilla-. Tú eres mi pequeña sobrina Nicol. -Sintió que le devolvía el abrazo-. Perdóname me había olvidado que estas esperando mi apoyo, te lo voy a compensar de algún modo. Ahora sécate esas lágrimas y ve a esperar el bus que ya debe estar por llegar.
Nicol hizo lo que le pedio su tía, le dio un beso de despedida y salió corriendo alegremente a la puerta a esperar a que la recogieran. Cecilia se levantó y pudo ver por la ventana como el autobús amarrillo se alejaba.
- Buenos días. -Hilda había pasado junto a la habitación de su hermana y se sorprendió al verla de pie.
- Buenos días, -respondió Cecilia un tanto distraída.
- Te despertaste temprano.
- Si, es que hoy tengo que hacer algunas cosas, -Cecilia seguía mirando por la ventana, preocupada por el hecho de que Nicol parecía depender mucho de ella de un modo emocional, no podía evitar preguntarse el que sería de aquella niña tan especial cuando ella tuviera que marcharse, no dudaba que Hilda como madre terminaría aceptando el tener una hija transexual pero no podía decir lo mismo sobre Hernán.
- ¿Me estas oyendo?
- Perdón, perdón ñaña, hoy tengo la cabeza en las nubes. -Cecilia volvió a guardar silencio, sumida en sus pensamientos como estaba no oyó a su hermana Hilda cuando le aconsejaba que volviera a la cama y durmiera un poco más-. Ah, por cierto, le prometí a Nico que hoy le llevaría a comer un helado después de clases, ¿podrías llamar a la escuela y avisar que le voy a recoger yo?

A la salida de la escuela Nicol vio que su tía Cecilia le estaba esperando, corrió tan rápido como pudo entre la multitud de niños que se apresuraban para ganar buenos asientos en los buses.
- Tía Ceci, -dijo alegremente mientras abrazaba a su tía.
- Hola amor. -Respondió Cecilia con el mismo entusiasmo.
- ¿Nos vamos juntas a la casa?
- Si, pero primero me vas a acompañar a comprar unas cositas.
Durante el viaje en taxi fueron conversando sobre como estuvo el día en la escuela, pero a pesar de la insistencia de Nicol, Cecilia no quiso revelarle hacia donde iban.
Se detuvieron frente a una Boutique de ropa para niños, al bajar del taxi Cecilia le explico cuál era el plan a Nicol.
- Escúchame nena, -dijo Cecilia a Nicol-. Te quiero comprar unos vestidos.
- ¿Vestidos? -Pregunto Nicol bastante incrédula.
- Claro, todas las niñas bonitas usan vestidos.
- Pero tía Ceci, ¿cómo voy a entrar si estoy usando el uniforme de la escuela?
- Tranquila Nicol, tu solo tienes que seguirme la corriente y todo saldrá bien, ¿entendido?
- Si tía.
Al entrar en la boutique Cecilia se dirigió directamente hasta donde estaba la dependienta, debía tener la misma edad de Cecilia, se saludaron efusivamente pues eran dos amigas que se veían después de varios meses.
- A los tiempos que te dejas ver, -dijo la dependienta.
- Tu que no me has llamado, -respondió Cecilia.
- ¿Que te trae por acá?
- Vine a comprar algo de ropa.
- ¿Es para este caballerito que te acompaña? -lo dijo mirando hacia donde estaba parada Nicol.
- Es mi sobrino, Nico ven. -Nico se acercó tímidamente al par de amigas-. Saluda a mi amiga Lili.
- Hola, -Nico saludo con un tono de voz casi inaudible.
- Hola, - decía Lili mientras le pellizcaba el cachete al niño-. Tengo ropa que te harán ver muy guapo.
- No, no, lo quiero es comprar ropa de niña. -Cecilia lo dijo en un tono muy serio pero sin dejar de sonreír-. La hija de la una amiga cumplirá años dentro de poco, -se apresuró a explicar-. Y aprovechando que Nico es casi la misma estatura y la misma talla él va a hacer de maniquí para decidir mejor que voy a comprar.
- ¿Y tú estás de acuerdo? -Lili le pregunto a Nico, tenía los ojos bastante abiertos, bastante extrañada por la situación.
- Lo soborne con bastante helado. -Respondió Cecilia mientras le lanzaba un guiño a su sobrina.
- Oh, bueno. -Lili pensó que aunque todo fuera un poco raro no dejaba de ser una venta.
Cecilia y Lili caminaban entre las perchas seguidas muy de cerca por Nicol, las dos mujeres conversaban, Lili hablaba sobre lo que llevaban las niñas de hoy y hacia recomendaciones sobre tonos y estilos que le irían bien a la niña cumpleañera suponiendo que era bastante parecida al sobrino de Cecilia.
Al final le habían dado un par de vueltas a toda la tienda y recogido al menos dos docenas de prendas diferentes, Cecilia le indico a Nicol que era tiempo de ir a probarse la ropa, hizo que se metiera a un cubículo y le pidió que se desvistiera, que solo se quedara con la ropa interior. Cuando Nicol le aviso a Cecilia que ya estaba lista, esta le paso la primera prenda para que se la pusiera.
Al sentir el rose del vestido de una sola pieza, Nicol cayo en cuenta de que eso de verdad estaba pasando, de verdad su tía estaba a punto de comprarle un vestido y no pudo dejar de imaginarse yendo a la escuela con el uniforme de las niñas, usando una falda en la casa y paseando por la calle con ese vestido que estaba a un punto de ponerse. Sonrió para sí misma al mismo tiempo que una pequeña lágrima escapaba de sus ojos.
- ¿Ya? -grito Cecilia desde afuera del cubículo.
- Es que este vestido se cierra por la espalda y no puedo...
- No importa, sal yo te ayudo.
- Hubieras sido una niña preciosa, -dijo Lili al ver al niño salir del cubículo-. Esta clase de vestidos te quedan muy bien. -Abrocho los botones de la espalda y le hizo el nudo a la cinta que tenía el vestido-. Luces como una muñeca.
Nicol se vio en uno de los espejos de la pared y comprobó que Lili tenía razón, parecía una muñeca, solo le hacía falta un listón en la cabeza.
- No sé, -intervino Cecilia- es la clase de vestidos que mamá me obligaba a usar, yo los odiaba.
- Pero a lo mejor a la hija de tu amiga si le gusta, ¿qué opinas Nico? -Nicol se encogió de hombros sin emitir palabra, de verdad le gustaba el vestido pero no quería contradecir a su tía, Lili interpreto eso como que le daba igual que vestido estuviera usando porque no era para él-. Está bien, entonces voy a devolver los otros tres que son como este.
- Siempre es mejor usar ropa que este a la moda, -Cecilia le susurraba al oído a Nicol mientras desabrochaba los botones-. Siempre tienes que ser audaz y siempre tienes que sonreír, ¿entendiste? -Nicol asintió con la cabeza.

Al salir de la boutique llevaban varias bolsas, Nicol aun no podía creer que toda esa ropa fuera para ella y no veía el momento de poder estrenarla.
- Todavía te hacen falta zapatos, -dijo Cecilia-. Después de eso veremos un sitio donde te puedas cambiar de ropa y luego iremos por un helado.

Nicol volvió a sonreír, le parecía estar en alguna especie de sueño.

lunes, 30 de septiembre de 2013

domingo, 29 de septiembre de 2013

Redibujando.

O mas bien puliendo un poco las páginas mas viejas, como lo conté en algún momento, comencé este cómic como un impulso por lo que no puse mucha atención en los detalles, solo quería contar una historia. Y lo que se suponía que sería una historia corta se convirtió en una de las cosas que mas ocupa mi tiempo libre, y no tiene una fecha de fijada para su fin (aunque ya tengo en mi mente como acabará).
Al haber sido hechas con apuro quedaron  feas, reflejan bien mi estilo pero son muy feas. No creo que todas merezcan ser borradas, solo las retocaré, excepto unas pocas serán redibujadas por que creo que les falta fuerza.
Obviamente no va a ser todo el cómic, pero creo que serán unas veinte páginas, y lo haré de a poco. además de que iré corrigiendo la ortografía que eso es algo por lo que siempre me critican.


miércoles, 4 de septiembre de 2013

La Niña perdida (3)

3.- Un pequeño secreto.


- ...Y entonces le pregunte a papá si podía usar un vestido y él me dijo que no porque yo  era un niño y los niños no usan vestidos. -Nicol estaba muy entusiasmada, su tía le había puesto una de sus faldas y una camiseta bastante coqueta, aquella ropa le quedaba algo grande pero eso no le quitaba ni un poco la alegría que sentía al usarlas-. Pero le insistí porque yo vi que otros niños se iban a poner vestidos.
- ¿Y por qué los otros niños usaban ropa de mujer? -Cecilia había hecho que Nicol se sentara en el filo de su cama y colocó una silla para quedar frente a su sobrina y así poder peinarla.
- Iban a actuar en una obra.
- Ah, ¿y tú también ibas a actuar? -El comportamiento de Nicol era tan natural que a Cecilia se le olvidaba por momentos que estaba frente a un niño.
- No, pero yo también quería usar vestido, cuando le volví a insistir a papá me jalo la oreja bien fuerte y me dijo que si me volvía a oírme decir que quería usar vestido se iba a enojar muchísimo y me castigaría bien fuerte.
Cecilia ya sabía que Hernán era bastante machista pero se negaba a creer que pudiera llegar a repudiar a su propio hijo tan solo por ser diferente.
- ¿Hace cuánto paso eso que me cuentas?
- Fue cuando estaba en primer año.
- Primer año. -Repitió Cecilia mientras hacia un cálculo mental, sacó la conclusión de que en ese entonces Nicolás debía tener seis años y se sorprendió que ya desde entonces tuviera esas inclinaciones-. ¿Y por qué te gusta vestirte de niña? -Tan solo un segundo después se arrepintió de haber preguntado al observar que el rostro de Nicol se oscureció.
- Creo, -Nicol comenzó a hablar tímidamente-. Creo que soy una niña sólo que nací con cuerpo de niño. -En el fondo esto lo había sabido desde siempre pero era la primera vez que lo pronunciaba en voz alta-. No se lo quiero decir a papá porque sé que se enojará conmigo y entonces...
Calló y bajo la cabeza, recordó que esa no era su ropa y que pronto tendría que usar los pantalones de siempre, la tristeza que le provocó aquel pensamiento hizo que las lágrimas brotaran de sus ojos. Como le hubiera encantado poder seguir siendo Nicol por siempre.
- Tranquila. -Cecilia habló en un tono muy dulce para tratar de consolar a su sobrina-. Si no quieres decírselo a tu papá entonces no se lo diremos, ni tampoco a nadie más, siempre que él te vea seguirás siendo Nicolás, pero cuando tú y yo estemos a solas serás Nicol, esto será nuestro secreto -observo como el rostro de Nicol volvía a sonreír.
- Gracias tía. -Nicol se levantó de la silla y fue a abrazar a su tía tan fuerte como pudo.
- Creo que oí que llegaba el carro de tus papás. - Cecilia pudo ver como Nicol se sobresaltaba y se le palidecía la cara-. Tranquila, quítate mi ropa y  ve al baño y dúchate yo ya te llevo tu pijama.
Nicol obedeció y corrió a la ducha, mientras tanto Cecilia empezó a recoger las ropas y a ordenar su habitación, fingió sorpresa cuando Hilda, su hermana mayor entró.
- Hola, -dijo Hilda, al tiempo que le daba un beso en la mejilla-. ¿Y Nico?
- Hola, Nico está en la ducha, se ensucio un poco mientras jugamos y le mande a que se bañe.
- Te noto medio nerviosa, ¿qué hiciste?
- No hice nada, estas imaginando cosas. -Cecilia sintió la mirada inquisidora de su hermana, era la misma que tenía su mamá, odiaba esa mirada-. Podrías dejar de estar viéndome así.
- Es que sé que algo hiciste, bueno ya de averiguar, ¿tomaste tus pastillas?
- No, es que no tenía agua.
Antes de que Hilda dijera algo más, Cecilia había tomado el frasco de medicamentos y salió a paso rápido rumbo a la cocina, en el pasillo se encontró a Hernán lo saludo sin detenerse.
- Tu hermana luce nerviosa, -dijo Hernán a Hilda-. ¿Qué hizo?

- Aún no sé, pero ya me he de enterar. 

jueves, 29 de agosto de 2013

La niña perdida (2)

2.- La tía de Nicol.

- Nicolás. -La señora Hilda llamo a su hijo, comenzó a revisar su cartera para asegurarse de que no le faltara nada-. Nico -volvió a insistir.
- Ya voy mami. -Eran más de las tres de la tarde pero Nico aun llevaba puesta el pijama-. ¿Ya te vas?
- Si mijito. -Terminaba de revisar la cartera y ahora centraba toda su atención en Nico-. Ahora te vas a quedar con tu tía, veras que ella sigue durmiendo, si te da hambre en la refri queda tu plato de comida solo tienes que calentarlo en el micro ondas, si es que pasa algo le haces despertar a tu tía sino le dejas seguir durmiendo, ¿te acuerdas de mi número del celu? -vio que Nico movía afirmativamente la cabeza-. Tu papá y yo vamos al aeropuerto a despedirnos del primo José y de su esposa y enseguida regresamos.
- ¿Puedo prender la compu?
- Bueno, pero solo dos horas. -beso cariñosamente a su hijo y se dirigió a la salida, camino rumbo al auto donde le esperaba su esposo Hernán, y antes de subir giró para despedirse de Nico-. Chao amor.

Al cabo de una hora de jugar con la computadora, Nico se aburrió y decidió ir en busca de algo más interesante que hacer. Fue a su habitación y abrió la caja que contenía sus juguetes, entre estos se hallaban soldados y coches de plástico, pero ni los soldados y los coches le llamaban la atención, tomo un avión que estaba casi en el fondo de la caja y lo hizo planear con sus manos, pronto el avión dejo de ser avión y se convirtió en una nave espacial, la cual estaba pilotada por el capitán Nico, surcaba el universo en busca de nuevos planeta que explorar, en algunos de esos planetas los hombres eran como insectos, en otros como los dinosaurios y en otro cambiaban de forma a cada momento, hasta que llego a uno en que sus habitantes eran todas mujeres y el capitán al bajar de la nave se transformó en una niña y decidió quedarse a vivir ahí. Nicolás no pudo entender porque su juego terminaba de ese modo, se sintió un poco incómodo, dejo el avión en la caja y fue a ver si su tía ya estaba despierta.
Se acercó a su cama y la llamó pero su tía no respondió, estaba profundamente dormida. Nico se quedó viendo una foto de su mamá y su tía que estaba sobre la mesita de noche, en ella las hermanas lucían mucho más jóvenes, ambas eran muy bonitas, su mamá con el cabello corto pero que no dejaba de ser un corte muy femenino, y su tía con una larga cabellera recogida en una cola de caballo, recordó que su mamá le conto que esa foto era de la época en que ellas estudiaban en el colegio. Miró fijamente la imagen de su mamá y la idea de que se parecía mucho a ella cruzo por su cabeza, comparó a su joven mama con su propia imagen en el espejo y lo comprobó. Sacudió su cabeza tratando de librarse de esa idea.
Estaba por ir a la cocina para calentar la comida pero le detuvo aquel vestido celeste, el mismo que luciera tan bien en su tía la noche anterior, estaba en el piso al pie de la cama, un tanto arrugado, pero no dejaba de ser lindo, no pudo contenerse pues querría probárselo aunque fuera un instante, lo tomó y lo escondió bajo el brazo, volteó a ver si su tía seguía dormida, lo estaba, salió de la habitación y fue al baño.

El molesto zumbido de la alarma del reloj le recordaba que era hora de tomar sus medicamentos, ella trato de ignorarle pero el reloj intensifico los zumbidos hasta que estuvo lo suficientemente consiente para desactivarlo, agarró un par de pastillas del frasco y se las puso en la boca, el vaso que estaba detrás del portarretratos de su mesita de noche estaba vacío, necesitaba agua urgentemente, tomó el vaso y fue al grifo del baño que era el más cercano, al llegar ahí escupió las pastillas por la pura impresión que se llevó, Nicolás llevaba puesto su vestido y peinaba su cabello con un cepillo. Nicolás entro en pánico al ver a su tía, corrió y logro cerrar la puerta y poner el seguro antes de que ella pudiera entrar. Oyó como su tía golpeaba la puerta.
- Nico, ¿qué haces con mi vestido? -dijo ella, se le oía bastante consternada.
Nicolás se encogió junto a la puerta, tuvo miedo de lo que pudiera pasar, en especial de lo que su papa pudiera hacer. Volvieron a oírse varios golpes más.
- Nico -trato de normalizar la voz, de calmarse, respiro hondo y continuó-. No estoy enojada contigo, ¿estabas jugando verdad?
Quería explicarle que no era un juego, que era algo más, pero él mismo no comprendía que era, empezó a sollozar.
- ¿Estás llorando? -Ella comenzó a desear no haber despertado, se preguntaba si debía llamar a su hermana-. Nico, ábreme, en serio no voy a hacerte nada.
Pero él no abrió y ella se sentó en el piso junto a la puerta, los minutos pasaron, solo se oía el llanto de Nicolás cualquier otro sonido parecía haber desaparecido.
- ¡Nicol! -exclamó finalmente-. Nicol. -volvió a repetir ella, en voz alta pero no tan fuerte como la primera vez, comprobó que los sollozos disminuyeron y hablo de nuevo-. ¿Te gusta? Es un bonito nombre de niña. -Aquellas palabras parecían surtir efecto, espero otros pocos segundos más- ¿Quieres abrirme la puerta por favor Nicol?
La puerta se entreabrió un poco y la figura de Nicol apareció tímidamente.
- Tía Ceci... -Tenía los ojos rojos de tanto llorar- ¿Se lo vas a contar a mis papás?
- No, si tu no quieres no le diré nada a ninguno de los dos.

Cecilia extendió sus brazos y espero a que su sobrina fuera hacia ella, Nicol corrió a abrazar a su tía, lloró de nuevo pero esta vez no fue por que tuviera miedo, no comprendía bien lo que estaba pasándole pero estaba feliz de que su tía le llamara Nicol. Cecilia comprendió que tenía un enorme problema entre manos. 

¿Has leído aquel libro?

¿Cómo que solo has visto la película?
No, que no es lo mismo que es como si yo te contara una película que vi.
Te explico. si yo te cuento la película seguro que voy resaltar todo aquello que me gusto y probablemente de lo que no me gusto apenas hablare y a veces lo omitiré, a parte de que tengo mi propia forma de contar las cosas así que sera mi versión de lo que paso en la película.
Una película basada en un libro es mas o menos lo mismo, no va a ser la visión original del autor del libro, va a ser la suma de la visión del director de la película, la de los guionistas, la del director de arte, etc. Además de que tendrán que quitar cosas por falta de tiempo o por que es un tema difícil de tratar o por que a los productores no les gusto o por cualquier otro motivo. Posiblemente también aumenten cosas para hacer mas entendible algo o por puro capricho.
¿Te gusto aquella película basado en un libro? ¡perfecto! pero deberías darle una oportunidad al libro, sabes puede que la película tenga muchos elementos del libro pero probablemente no tenga el mismo mensaje que el libro quería transmitir.
Por cierto ¿ya leíste Alicia en el país de las maravillas?

viernes, 23 de agosto de 2013

La niña perdida (1)

1.-Fiesta.

Llevaba al pequeño Nico a dormir a su habitación, la ceremonia de la boda de su primo había sido tan larga y aburrida que el pobre niño se durmió en los brazos de su mami Hilda, ella tuvo que cargarle durante todo el viaje de la iglesia a la casa, hasta ese momento no había reparado en lo grande que estaba su hijo, pensar que dentro de unos días cumpliría ocho años.  
Lo recostó en la cama y acaricio sus rubios cabellos, esos cabellos se los había heredado a ella y de su padre había sacado unos ojos azules claros muy bellos, su piel clara como porcelana, sin duda que al crecer sería un chico muy guapo, un rompe corazones.
Casi a la media noche Nico despertó, el ruido que provenía de la fiesta que se llevaba a cabo abajo en el patio no le permitió seguir durmiendo, se acercó a la ventana y observo a los invitados, de entre todos ellos una figura femenina destacaba, una mujer rubia de larga cabellera, ojos marrones, esbelta, llevaba puesto un vestido celeste de una sola pieza que dejaba ver solo un poco de sus bien formados pechos, en su cuello una gargantilla que iba a juego con los aretes plateados, al menos tres tipos exigían su atención pero ella los ignoraba y seguía conversando con una invitada. Nico no podía dejar de admirar su sonrisa, en un momento dado ella notó que su sobrino la observaba, sonrió dulcemente para él y le saludo con la mano, Nico también sonrió y devolvió el saludo.

Se preguntó entonces si él podría lucir tan bien como su tía, desecho pronto esa idea porque él era un niño y los niños no usan vestidos, pero ese pensamiento no era nuevo, ya un par de ocasiones lo había tenido y sabía que regresaría de nuevo, "los niños no usan vestidos" volvió a repetir para sus adentros y se fue a la cama a tratar de dormir. Al poco rato sintió que su estómago rugía por no haber comido nada desde la mañana, se levantó y fue abajo en busca de pastel.

miércoles, 21 de agosto de 2013

pag 11


Tengo un proyecto sobre Ceci pero todavía esta en pañales, cuando la trabaje un poco mas la mostraré.

martes, 13 de agosto de 2013

Alex y Saúl (Epílogo)

- Es rosado -se quejó Alex al ver su imagen en el espejo.
- Tiene que ser rosado. -Mamá subía la cremallera ubicada en la parte de atrás del vestido-. Es tu fiesta de quince.
- Ya, pero recuerdo que el vestido de Verónica era más... moderno y más oscuro, este es pastelazo, parece el que le ponen a esas muñecas.
- Es que tú eres una muñeca -dijo Verónica mientras le colocaba en el cabello una peineta que tenía como adorno una gran flor rodeada de otras flores más pequeñas, todas igual de rosa que el vestido-. Es tu estilo.

Aquella fiesta era la última ocurrencia conjunta de mamá y Verónica, se la habían ocultado a Alex hasta el último minuto para que no pudiera sabotearla. Alex no supo nada hasta que en la mañana regresara de hacer unas compras que le pidiera mamá y se encontró con que en la puerta de entrada había un gran listón color rosa y adentro estaban Andrés, Verónica y Jairo colocando varios adornos para una fiesta.
- ¡Viva la quinceañera! -grito Andrés tan pronto vio que Alex entraba a la casa.
- ¡Que viva! -gritó el pequeño Jairo.
La idea de "quinceañera" no le agrado para nada así que soltó las bolsas de las compras y dio media vuelta para huir por donde había entrado pero Verónica ya había cerrado la puerta.
- ¿A dónde ñañita? -interrogo Verónica.
- Ni loco me pienso poner un vestido de quince años -dijo Alex torciendo la boca, ya había soportado muchas cosas provenientes de su mama y su hermana, cosas como que casi tiraran a la basura su ropa de chico o que todas las noches le obligaran a vestirse de chica para la merienda, y, el peor de todos que fueran al colegio a solicitar que le permitieran ir con el uniforme de las mujeres, petición que, afortunadamente para él, había sido rechazada, pero esto de la fiesta no pensaba aguantarlo-. Me voy de aquí.
- No seas así -intervino Andrés-. Mamá se ha esforzado mucho organizando esto, ya más de dos semanas que anda en esto.
- Yo no quiero una fiesta de quince, además cumplí el miércoles...
- Eso no importa -le interrumpió Verónica-. Los quince años siempre se celebran unos días antes o después, lo importante es celebrarlos, es algo que todas las chicas esperan con ansias.
Alex pensaba en la mejor forma de decir que agradecía mucho el esfuerzo de su mamá pero que no había forma de que le convencieran de usar un vestido rosa y bailar frente a un montón de gente.
- Saúl será tu "chambelán" -agrego Verónica-. Ya vi la ropa que usara, estará guapísimo.
Que Saúl supiera de la fiesta y que no le dijera nada le enojaba un poco, pero le gustaba la idea de verlo vestido con frac y se quedó pensando en alguna escusa que le permitiera zafarse de la fiesta y al mismo tiempo le dejara ver a Saúl usando el frac, no encontraba ninguna.
Al silencio de Alex, Verónica, lo tomo como una señal de que estaba de acuerdo con todo, lo tomó de la mano y lo llevo a su habitación donde estaba esperando mamá con el ajuar que tendría que usar listo.
Entre el peinado, el maquillaje y vestirse transcurrieron algo más de dos horas, tiempo en el cual, Alex, ocasionalmente se asomaba a la ventana y observaba que llegaban diferentes personas, le pareció que unos hombres con pintas de meseros traían bandejas de comida, poco después llegaron otros trayendo parlantes de más de metro y medio de alto, más recientemente vio a algunos familiares que no veía desde hace mucho. Ya se oía una gran actividad en la parte de abajo, se le hizo un nudo en el estómago.
- Mira la hora que es -exclamó mamá al ver su reloj pulsera-. Ya nos tenemos que alistar nosotras también mija -. Le dijo a Verónica.
- Sí, no queda mucho tiempo -respondió ella-. Ñañita te dejamos sola, quedaste bellísima, no te desarreglaras.
Eso le había sonado como una amenaza, no habiendo otra cosa que hacer mientras esperaba, Alex encendió su computadora y jugó un juego de peleas, estaba tan nervioso que no podía concentrarse y perdía humillantemente a cada rato, se cansó de aquello y decidió sentarse en la cama a esperar. Casi una hora después se oyó que llamaban a la puerta.
- Alex estás lista. -Era la voz de papá.
- Ya voy. -Respiro profundamente y exhalo, volvió a repetir aquello en busca del valor necesario para salir a enfrentar a los invitados, se colocó las sandalias y se dirigió a abrir la puerta.
- Tu cabello luce más largo -dijo papá- ¿Es peluca?
- No, son extensiones -respondió Alex.
- Te queda bien - extendió su brazo para que Alex lo tomara y así lo hizo-. Oye, se supone que tenemos que bailar el vals junto, bueno...
- No te preocupes papá, yo tampoco quiero hacerlo.
- Menos mal -papá sonrió de alivio.
Estaban ya bajando las escaleras, se oyó en los parlantes una voz que primero pedía atención a los invitados y luego anuncio con gran alegría.-Ahora hace su aparición la señorita Alexandra-. A Alex no le hizo mucha gracia ser presentado de esa manera, los setenta invitados aplaudieron efusivamente.
Ya casi terminaban de bajar las escaleras y Alex pudo ver que Saúl estaba junto a mamá, el frac que llevaba era negro, dejaba ver el chaleco color gris, camisa blanca y corbata igual blanca pero con unas finas líneas plateadas, era más guapo de lo que había esperado.
Se detuvieron en el último escalón, ahí cumplieron el rito de cambiar las sencillas sandalias de tela por los zapatos de tacón, rito que simbolizaba su paso de niña a señorita. Papá le calzo el zapato derecho y mamá el izquierdo, ella no pudo contener una lagrimilla, los invitados volvían a aplaudir.
El dj anunció el inicio del tradicional vals, iniciarían el baile primero el papá y la festejada juntos, casi no lo hicieron pero una mirada desaprobatoria de mamá les hizo cambiar de opinión. Dos minutos después se anunció el baile por parte de la quinceañera con su chambelán, y Alex y Saúl quedaron en medio del círculo que habían hecho los invitados.
- Estas guapísimo -dijo Saúl.
- Gracias. -Alex trataba de seguir el ritmo pero a ratos lo perdía, casi tropezaba- ¿Sabías esto verdad?
- Desde hace rato.
- ¿Por qué no me lo dijiste?
- Porque creí que si lo sabias te ibas a fugar. -Saúl ahogo un quejido cuando Alex le piso un pie, no supo si fue intencional o por su falta de ritmo-. Y a mí me gustaba la idea de verte como una quinceañera -sintió otro pisotón solo que este si parecía intencional.
- Sabes que lo de los vestidos solo los aguanto cuando salimos juntos, esto es muy diferente.
- Tú siempre luces lindo con ropa de mujer.
- A veces creo que tú también quieres que deje de usar ropa de hombre. -Alex torció los labios en una mueca de enojo, mueca que de algún modo parecía aumentar la feminidad en su rostro.
- Mentira, no importa lo que te pongas tú siempre serás mi novio. -A Saúl le encantaba aquella mueca.
- Entonces, tan pronto como se descuiden mis papas, me voy a cambiar de ropa y me iré a algún otro lado -dijo Alex que aun tenia torcidos los labios-. Y si me quieres te vas a ir conmigo.
- Claro que me voy contigo -dijo Saúl-. Pero tienes que dejarme ver cuando te quites el vestido.
- Bobo. -Alex bajo la mirada para que Saúl no viera que su comentario hizo que sus mejillas se sonrojaran-. Sabes, este vestido tiene el cierre en la parte de atrás y no lo alcanzo, necesitare que me ayudes a quitármelo.
Saúl movió afirmativamente la cabeza y ambos sonrieron.
De entre la multitud una voz femenina comenzó a gritar "beso" una y otra vez, a Alex le pareció que se trataba de la voz de Verónica, pronto todos los invitados estaban pidiendo ese beso a coro.
- Sé que no te gusta que nos besemos en público -le susurro Saúl en el oído a Alex-. Me das solo un besito en la mejilla y creo que con eso se calman.
- Te amo. -Sin decir nada más, Alex, rodeo con sus brazos el cuello de Saúl, se paró de puntitas y le dio un largo beso-. Ya no me importa quién nos mire.
Saúl devolvió el beso mientras la gente al rededor aplaudía y vitoreaba.

viernes, 9 de agosto de 2013

Alex y Saúl (26)

Daban las seis y quince, el sol comenzaba a ocultarse, la pareja de enamorados se dirigían a la casa de Alex y las luminarias a ambos lados de la calle parecían encenderse a su paso. Saúl tenía muchas ganas de tomarle de la mano a Alex pero no se atrevía a hacerlo debido a que su pequeño tigre ya no vestía las prendas femeninas, lo que quedaba aquellas ropas estaban dentro de un mochila que él llevaba al hombro, lo que Alex tenia puesto era una camiseta y un pantalón que le prestara Saúl, ambas le quedaban grandes, la camiseta casi hasta las rodillas y el pantalón era tan largo que le tuvo que hacer varios dobladillos a las vastas, por calzado chancletas que al igual que la ropa eran muy grandes y le dificultaban un tanto el caminar.

-¿Seguro que no quieres que te acompañe a hablar con tus papás? -Era la enésima vez que Saúl preguntaba lo mismo.

-No -Alex volvía a negarse por enésima vez.

-¿Por qué no? creo que será más fácil si estoy ahí apoyándote.

-No, más bien si estás ahí me sentiré incómodo y me va a ser más difícil expresarme.

-Quiero estar contigo apoyándote.

-Vas a estar -al decir esto Alex extendió la mano hacia Saúl para que viera que en ella llevaba el pequeño sobre de papel que guardaba el anillo.

Llegaban ya a la entrada.

-Si te hace sentir mejor puedes quedarte aquí afuera por si algo pasa -Se paró de puntitas y le dio un beso en la boca como otras veces lo había hecho, solo que esta vez ya no miro al rededor, no le importo que alguien los viera y a Saúl tampoco parecía importarle.

-Aquí estaré -dijo Saúl cuando terminaron de besarse.

Alex se acomodó la mochila y se encaminó a la puerta, iba a buscar las llaves de la casa en el pantalón pero la larga camiseta cubría los bolsillos y entonces recordó que no estaba usando su ropa, lo que le dejaba dos opciones o golpeaba la puerta o tocaba el timbre, opto por el timbre y esperó a que le abrieran.

-¡Ya llegó! -Gritó Verónica cuando vio quien era el que había tocado el timbre, lo tomó de la mano, lo jaló para adentro y volvió a cerrar la puerta.

-Uta, ñaña ni sabes la que se armó aquí, cuando llegué papá estaba gritando, mamá lloraba, el Jairo en el sillón con cara de tonto sin saber que pasaba -Verónica hablaba a mil por hora sin detenerse ni siquiera para respirar- Entonces el Andrés grito fuertísimo cosa que todos nos callamos y el man se lanzó un discurso así de enorme -extendió los brazos tanto como le fue posible para que quedara claro cuan enorme fue el discurso- sobre la familia y sobre apoyarse el uno al otro, cosas que yo así -abrió la boca imitando un rostro estupefacto- no tuve que decir nada para defenderte porque él solito se encargó de eso.

-¡Mija! -Mamá llegó corriendo y le abrazo- Mira no más, yo teniendo otra hija y no me he enterado -Le dio un beso en la mejilla y otro más en la frente- ¿Estas bien? ¿Y ese vestido que usabas en la foto? -Vio que Alex mostraba la mochila- ¿Por qué no la traes puesta? Debe estar sucia, no importa, que tu hermana te preste algo y mañana te compramos ropa nueva ¿Tienes hambre? Ahora mismo te preparo algo.

Alex trataba de aclarar en su mente todo lo que le había dicho Verónica y sumarle todo lo que dijo mamá, eran demasiadas cosas, hasta ahora lo más sorprendente era quien había sido su defensor, dejo de pensar porque ahora se acercaba papá.

-Bien, tengo dos hijas -fue lo único que dijo con su habitual tono estoico, dio media vuelta y se dirigió a la sala, donde también se encontraba Jairo, el menor de los hijos.

Aquellas palabras más que tranquilizarle le sonaron más a una sentencia, quería explicar que no tenía intenciones de usar falda todos los días y lo hubiera hecho de no estar tan sorprendido como lo estaba.

-Hola, ñaña -Andrés se acercó, en otras ocasiones hubiera infringido alguna tortura a Alex pero hoy no-¿Cómo estás?

-Bien –Alex hubiera preferido mil veces que Andrés le saltara al cuello y le diera coscorrones en vez de que le obsequiara aquella amable sonrisa- ¿Tú me defendiste?

-Sí.

-Pero tú me odias.

-¿Cómo te voy a odiar si eres mi familia? –Puso su mano tiernamente en la cabeza de Alex y continuó hablando- Lo que a mí me gustaba era hacerte enfadar, pero ya no lo haré más, no me gusta molestar a las mujeres.

Andrés se apartó y se dirigió a su habitación asegurando que tenía que prepararse para salir con su novia, Alex quedó en silencio junto a Verónica.

-Así que –Comenzó a decir ella- ¿Qué estuviste haciendo?

-¿Eh?

-No te hagas, la foto llegó como hace tres horas y media, si hubieras venido directamente de halla tendrías que haber llegado hace más de dos horas entonces, ¿dónde estabas y qué estabas haciendo?

-No te interesa –Alex miró hacia otro lado haciendo un puchero y dispuesto a no decir nada más.

-Nada, nada –Verónica le abrazó lista para comenzar un largo interrogatorio- me vas contar todito, lo quiero saber todo con detalles.

Alex tomó la decisión de no decir nada a Verónica que ya le estaba arrastrando a su habitación para prestarle ropa, tal vez le enseñaría el anillo que le había regalado Saúl tan solo para darle envidia.

-¡Ah! Espera –Alex se soltó de Verónica y fue hacia la ventana, casi se olvida que Saúl esperaba afuera.

La noche casi se había apoderado totalmente del cielo, ya varias estrellas mostraban su brillo, mientras un viento frío recorría las calles haciendo que Saúl tiritara. Los minutos que pasaron se le tornaron eternos, estuvo esperando oír gritos o alguna clase de actividad que le indicara que Alex necesitaba su ayuda pero todo estaba tan calmado que no sabía que pensar, quizá sería buena idea acercarse y llamar a la puerta, sí, eso sería lo mejor.

Comenzó a andar y de inmediato se detuvo al ver que las cortinas de una ventana se movían, poco después asomó Alex quién saludo con su mano y luego mostró un puño con el dedo pulgar extendido como señal de que todo estaba bien, le dedicó un beso volado, se despidió y desapareció tras las cortinas.

Parecía que ya no había nada más que hacer, Saúl caminó unos cuantos metros y volteó para mirar la ventana de nuevo por si acaso volvía a aparecer Alex pero no fue así, todo parecía estar bien y eso le hizo feliz, comenzó a preguntarse si Alex aceptaría salir de nuevo la próxima semana.


FIN 

lunes, 5 de agosto de 2013

Sobre las críticas y que hacer con ellas.

Cuando muestras tu trabajo en público, irremediablemente, te expones a las críticas, y cuando estas llegan hay tres cosas que puedes hacer: 1) Las aceptas para mejorar tus trabajos. 2)Las ignoras por completo y sigues con lo tuyo. 3)Te pones en modo troll y defiendes tu trabajo con insultos, puños y spam.

Hace poco recibí la mejor crítica que le han hecho a la LA NUEVA CHICA DEL BARRIO, pero lamentablemente fue un listado de los motivos por los cuales no le gustaba mi cómic, entonces que debo hacer. Creo que ya he pasado mi etapa troll, al menos en un 87%, no puedo ignorar la crítica porque tiene razón, mucha razón, entonces solo me queda aceptarla y mejorar mi trabajo.

La crítica va por el lado de que no he sabido definir bien a Paulina, cualquiera que entre por primera vez al cómic podría pensar que estoy diciendo que todo chico un tanto afeminado es gay, o que un chico gay un tanto afeminado necesariamente es transexual, o, peor aún, que todo travestí es un transexual.

Aunque ya he explicado ciertas cosas en los comentarios y cuando la gente pregunta, aún no lo hecho debidamente dentro del cómic que es donde realmente importa. Hacerlo bien requeriría que haga un borrón y empiece a contar la historia desde el principio, no me parece viable, ya de por si dibujo lento y me he tardado dos años llegar a donde estoy, no creo que la gente pudiera esperar otros dos años mas para ver algo nuevo. No puedo traer el tema ahora a colación porque la trama no admite que me tome un break para explicar cosas, eso seria chocante y desconcertante.Lo que me queda por hacer es preparar un capítulo donde lo explique con calma.

En cierta manera me alegra porque al fin podré hacer aparecer personajes que no sabía como incluir en la historia, y podrán darle un primer vistazo a un personaje que será vital para la trama en el futuro. Espero que no resulte muy forzado.

Ahora, no será en el siguiente capítulo, puesto que en ese quiero contar una historia sobre Aurora y Lizbeth

jueves, 1 de agosto de 2013

pag 10


La página de hoy he de decir que me parece horrible, es como si mis ojos se pusieran viscos y no le atinara a ninguna de las proporciones del cuerpo, espero enmendarme con la siguiente.

viernes, 26 de julio de 2013

pag 09

Página hecha casi exclusivamente para justificar la forma de actuar de Cecilia.
La idea original de Ceci era que fuera mala tan solo por ser mala, pero en las pocas páginas que apareció se ganó a los lectores con su carita de niña buena, si hasta le hicieron un fanart, así que puedo decir que Ceci ha sido un tanto un fracaso como "mala" pero no me rindo y algún día crearé al malo que actúe por que le gusta ser malo, digo a mi me parece que eso sería algo interesante de ver.

miércoles, 24 de julio de 2013

Alex y Saúl (25)

Alex había estado tantas veces en la casa de Saúl que ya conocía la mayor parte de esta, sabía que la mama de Saúl guardaba todas las bolsas plásticas en las que traía las compras del supermercado en la última gaveta del mueble de la cocina, tomo una pequeña transparente la lleno de cubos de hielo que tomo del congelador y se la llevo a su novio que estaba sentado en medio del sofá de la sala.

-Un día de estos te voy a enseñar a pelear -dijo mientras le colocaba la bolsa con hielo en la parte de la cabeza donde recibió el golpe.

-Auch -Saúl se quejó al sentir el frio contacto de la bolsa- me hubiera gustado poder defenderte.

-Está bien, lo tuyo nunca ha sido pelear -Alex se sentó en el sofá y apoyo su cabeza en el hombro de Saúl, termino pareciéndole una posición no muy cómoda así que se recostó y ahora su cabeza descansaba sobre una de las piernas de Saúl- Si te hace sentir mejor cuando apareciste de repente los dos se desconcentraron y yo pude terminar la pelea.

-No, yo quería...

-Shhh -Alex voltio su rostro para que Saúl viera que tenía un dedo índice en los labios como señal de que se callara- En serio está bien.

Pasaron unos minutos y el silencio entre los dos era tal que el tic-tac del reloj de la pared empezó a retumbar en toda la sala.

Saúl acariciaba el cabello de Alex con la mano que no estaba sosteniendo la bolsa con hielo, buscaba mentalmente una manera de ayudar a su pequeño tigre a encarar la situación que le esperaba en casa, tal vez si le acompañaba y explicaba a sus suegros que lo suyo era un amor sincero ellos le aceptarían tal como es, pronto abandono esa idea porque era seguro que Alex no lo dejaría ir con él y mucho menos hablar con sus padres, luego volvió a retomarla porque no iba a dejar solo a su amado, iría aunque él se opusiera.

Por su parte Alex imaginaba que le esperaba una enorme reprimenda sobre la decepción que era tener un hijo como el, en el mejor de los casos su papa cumpliría aquella amenaza del colegio militar y en el peor... no quiso pensar en aquello, a pesar de no ser muy religioso rezo para que aquella foto no fuera vista por ningún familiar suyo.

-Oye, mmm -Se notaba que en la voz de Alex había preocupación- ¿Crees que si me echaran de la casa tus papas me dejarían vivir aquí por un tiempo?

-No digas eso -A Saúl le pareció que el dolor de su cabeza se había adormecido lo suficiente como para dejar a un lado la bolsa con hielo, que en ese momento ya era más agua que hielo, ahora con sus dos manos libres hizo que Alex se incorporara hasta dejarlo de rodillas sobre el sofá y él se acomodó de tal modo que quedaron frente a frente- Estoy seguro te querrán igual que siempre.

La expresión en el rostro de Saúl era una mezcla de esperanza infinita de que todo estaría bien y al mismo tiempo de temor de que todo saldría mal, lucia tan indefenso, como un pajarito herido, Alex siempre sentía la necesidad de protegerlo, era cierto que él era más alto y más varonil pero su carácter era más gentil, si tenía que pelear con alguien parecía no querer lanzar el golpe por temor a dañar a su oponente, por eso era Alex quien terminaba peleando en su lugar, comprendió entonces que si él se desmoronaba Saúl también lo haría, así que enjugo sus lágrimas y saco una sonrisa de donde no tenía.

-Voy a hablar con mis papas y todo estará bien -Alex lo dijo como si estuviera convencido de eso aunque no fuera así.

Alex era siempre tan valiente, era una de las cosas que Saúl amaba de él, siempre dispuesto a enfrentarse a quien sea para defender a sus amigos a pesar de que su oponente le doblara la estatura, pero había algo del que solo Saúl parecía percatarse, una dulzura que se escondía tras ese fuerte carácter que Alex tenia, sabía que aquellas palabras las dijo para tranquilizarlo pero se encargaría de que se hicieran verdad.

-Fue un día pésimo -Después de decir esto Ale soltó un amargo suspiro.

-Sí, pero a ratos la pasamos bien ¿verdad?

-Sí, supongo.

-Mira, yo tengo algo para ti -Comenzó a buscar algo en los bolsillos de su pantalón, parecía haber olvidado donde guardó ese algo, al fin saco un pequeño sobre de papel y se lo ofreció a Alex – fue idea de mi mamá, dijo que para que lo nuestro sea un noviazgo formal tenías que llevarlo puesto.

Alex sacó del sobre un anillo que en su mayor parte plateado y los filos eran dorados, tenía una pequeña rosa que en su centro tenía incrustado una piedrecilla roja, la hizo girar y miro con sorpresa que sus nombres, Alex y Saúl, estaban grabados y en medio de ellos dos corazones entrelazados, le pareció tan cursi y al mismo tiempo le encantaba tanto.

-Ella lo mandó a hacer, dijo que el primer noviazgo es algo importante y que teníamos que recordarlo con cariño, te lo iba a entregar cuando acabara la cita y, bueno supongo que ya terminó.

Se lo probó en el dedo anular, le quedaba grande, trató en el dedo medio y tampoco.

-No me queda.

-Oh, supongo que mamá podrá mandarlo a arreglar.

-No –Saúl extendió la mano para que le entregara el anillo pero Alex cerró la mano y la atrajo hacia si- es perfecto, lo voy a poner en una cadenita y llevaré conmigo siempre.

-¿O sea que te gustó?

-Mucho –Le dio un beso rápido y luego volvió su atención nuevamente al anillo que estaba en su palma y pensó que el día no había sido tan malo- Sabes –lo puso nuevamente en el sobre y lo dejó sobre la mesita de centro- La cita aún no acaba.

-¿Ah?

-Pensé que terminaría de un modo más romántico –Se acercó a Saúl y poniendo una mano en su rostro le dio un largo e intenso beso- creo que aún podemos acabarlo así.

Saúl se sorprendió por el beso y porque la otra mano de Alex estaba recorriendo su abdomen, no supo cómo reaccionar.

-¿No quieres?


Alex dio otro beso más intenso que el primero y luego se separó esperando a Saúl, este por fin atinó a mover afirmativamente la cabeza, Alex volvió a besarlo y con sus manos acariciaba el cuerpo de su novio, mientras una de las manos de Saúl comenzaba a explorar debajo de la maltratada falda de Alex.