martes, 9 de octubre de 2012

Alex y Saúl (15)


El Centro Comercial estaba cerrado.

-Señor ¿Qué no abren a las nueve y media? –Preguntó Verónica al guardia que estaba parado junto a la entrada.

-De lunes a viernes, los sábados y los domingos se abre a las diez – respondió el guardia.

Eso le quitaba media hora al tiempo que Verónica consideraba necesario para que Alex estuviera totalmente presentable para su cita.

-Busquemos otro sitio por acá cerca –dijo Alex- debe haber un restaurante o algo.

-Creo que no hay nada

Se veía en su rostro que algo estaba planeando, se acercó al guardia y le habló en voz baja.

-¿No nos podría dejar entrar a usar el baño? Es que sabe mi hermanita tuvo un “accidente” –esto lo dijo en un tono aún mas bajo, como diciendo un secreto- es la primera vez que le pasa, es una emergencia, por favor señor.

Alex notó que el guardia le miraba un tanto raro, se sonrojó y desvió la mirada, no pudo oír lo que le su hermana le dijo pero sabía que era algo muy indiscreto.

-Yo tengo una hija de esa edad –dijo el guardia- espéreme un momento señorita –se alejó unos pasos y habló a través de su radio, unas palabras después regresó- Bien, pueden pasar, pero se van directamente al baño y no pueden visitar ningún almacén hasta que den las diez.

-Muchas gracias –dijo Verónica que llevaba de la mano a Alex quién no podía mirar directamente al guardia.

-Vero ¿Qué fue lo que le dijiste para que nos deje entrar?

-Eso no importa, Alex, ya entramos y ahora hay que arreglarte.

Eran las once en punto, Saúl había llegado con  media hora de anticipación y ya comenzaba a impacientarse, apenas era la hora así que trato de calmarse.

Desde el miércoles no lo veía para hacer caso de las indicaciones de Verónica, trataba de imaginarse como se vería el pequeño Alex con ropas femeninas y sobre todo si toleraría durante todo el día estar vestido así, le conocía su mal carácter y a lo mejor lo del vestido no era buena idea, se había mentalizado en que si Alex quería irse a la casa el no iba a ponerle peros, pero aún así rogaba para que Alex durara durante toda la cita, realmente quería hacer todas esas cosas que hacen los enamorados.

Once y diez, aún no era muy tarde solo un ligero retraso, no había de que preocuparse, seguro que había tenido algún inconveniente pequeño y ya debía estar en camino.

Once y cuarto, todavía no era tarde, seguramente el tráfico lo había retardado, ya debía estar en camino, ¿sería bueno llamarle al celular para preguntarle donde se encontraba? Mejor no, seguro que Alex se enojaba y cancelaba todo.

Once treinta ¿Y si se había arrepentido y se había regresado a la casa? Sacó el celular y su dedo se debatía entre marcar o no marcar.

Once cuarenta, lo mas seguro era que lo había dejado plantado, estaba devastado, lo mejor era irse a casa, miro alrededor por última vez, aunque sabía que no lo vería. Comenzó a caminar rumbo a la salida cuando oyó que alguien le llamaba a gritos.

-¡Saúl! – Era Verónica que venía muy apresurada- perdón por llegar tarde, pero tu novia no quería colaborar.

Fue entonces cuando vio  que detrás de ella venía una chica pelirroja que tenía el pelo recogido en dos simpáticas trenzas.

2 comentarios:

  1. Jajaja, pobre Alex, se está convirtiendo en una chica con todas sus consecuencias. Increíble que Saúl esperara tanto, yo me habría desesperado =P

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es que Verónica a hecho muy bien su trabajo y Alex ya no puede evitar comportarse como una chica.

      Y creo que no muchos hubieran tenido la paciencia que tuvo Saúl.

      Eliminar