martes, 28 de agosto de 2012

Alex y Saúl 13


Alex siempre era el último en salir, siempre esperaba a que todos salieran, su fama de peleonero hacía que tuviera muy pocos amigos y ninguno de ellos en esta clase, así que prefería evitarlos finalmente el aula quedó vacía, Alex tomo su mochila, y salió para su sorpresa Saúl le estaba esperando.

Al ver al pequeño Alex, Saúl se emocionó, fue directamente hacia él, le quería abrazar y darle un beso pero fue parado en seco por un golpe de su novio.

-¿Qué te he dicho? – dijo Alex con un tono muy serio.

-Nada de “esas cosas” en público –Saúl se sobaba el costado donde le había golpeado- pero es que no te he visto desde el viernes pasado.

Alex miró alrededor y parecía que no los miraba nadie, empujó a Saúl adentro del aula, cerró la puerta y parándose de puntillas le dio un beso rápido en la boca, luego lo abrazó y apoyó su cabeza en el pecho de él.

-¿Así esta mejor?

-Mucho –dijo Saúl mientras envolvía a Alex con su brazos- en serio te extrañe.

-Bueno, ya vámonos –dijo Alex mientras se separaba- no vaya a ser que nos descubran. Acompáñame al bar a comprar algo de comer.

Iban por el pasillo sin decir palabra, Saúl quería preguntarle muchas cosas, pero Alex en la escuela siempre era muy reservado y no gustaba de conversar, pero tenía que preguntarle y saber por que de su ausencia.

-Sabes, lo he pensado mucho y creo que si realmente no quieres hacer eso de la cita pues nos podemos olvidar de ella y seguir viéndonos en mi casa como siempre…

-No –respondió Alex con una cara muy seria- después de lo que he tenido que pasar por esa cita, donde te atrevas a cancelarla te mato.

-¿Y que has tenido que pasar?

-Mi hermana Verónica sabe de nosotros y le gusta mucho la idea, demasiado, y ha estado dando clases de cómo ser una chica, y la verdad es que a veces resulta un tanto pesada.

- ¿Y cómo se enteró? – De pronto se dio cuenta de que en la rubia cabellera de Alex habían unos pequeños mechones azules que comenzaban casi en la coronilla y le terminaban cayendo por la frente.

-Fue por tu culpa.

-Mi culpa.

-Sí, tu culpa y tus comentarios de que tengo cara de niña.

-¿Es que ella nos termino oyendo o que?

-Es tu culpa y punto –Saúl terminó aceptando la culpa, aunque no sabía como la tenía.

-Alex, ¿por qué no has venido a mi casa? ¿Por qué no he podido encontrarte en el recreo, ni a la salida del colegio?

-Por que no quería verte.

-¿Qué?

-Es idea de Verónica, dice que era mejor no vernos hasta el día de la cita para que te sorprendas con lo mucho que he cambiado.

-O sea que no es por que de verdad no quisieras verme.

-Claro que no, bobo, yo también te extrañe.

Saúl se sintió muy aliviado al oír que Alex también le había extrañado, pensó en cogerle la mano, pero se contuvo por que su novio no le gustaban los cariñitos en público, aunque fue buscando por si acaso encontraba un aula vacía.

-Sabes, mis papás también saben sobre nosotros.

-¿Se los dijiste tu, Saúl, o como se enteraron?

-Si se los conté yo, y ellos quieren que te invite a la casa para cenar todos junto.

-Yo ni loco.

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